Después de años enseñando yoga y acompañando a personas muy diferentes, me di cuenta de que una misma práctica no siempre responde a lo que cada cuerpo necesita.
Hay momentos en los que sentimos más rigidez, menos movilidad, cambios en nuestra postura o simplemente necesitamos volver a sentir nuestro cuerpo de otra manera.
De ahí nació HipoYoga: un método que adapta la práctica al cuerpo y no el cuerpo a la práctica.
Una mirada global
El cuerpo funciona como un todo
Una tensión o una limitación que sentimos en una zona no siempre empieza exactamente allí.
La forma en la que apoyamos los pies, utilizamos las manos, respiramos o activamos nuestro centro puede influir en nuestra postura y en nuestra manera de movernos.
Por eso en HipoYoga trabajamos diferentes elementos que se conectan entre sí.
Elementos conectados
Cada parte aporta algo al conjunto
La práctica no busca aislar una zona, sino comprender cómo se relaciona con las demás.
Pies y apoyos. Para sentir nuestra base y mejorar la conciencia corporal.
Manos y fascia. Para explorar conexiones y cadenas que recorren el cuerpo.
Respiración y diafragma. Para mejorar la movilidad de la caja torácica y la relación entre respiración, postura y centro.
Hipopresivos. Para trabajar de forma consciente la gestión de las presiones y la zona abdominal y pélvica.
Postura y movimiento. Para integrar todo lo trabajado en el cuerpo y llevarlo al movimiento.
Cómo es una práctica de HipoYoga
La práctica sigue una progresión para preparar el cuerpo antes de llegar al trabajo más profundo.
Cómo funciona la práctica
Siete pilares que se relacionan entre sí
HipoYoga trabaja el cuerpo como un todo. Cada parte está conectada con las demás y puede influir en nuestra forma de movernos, respirar y sostenernos.
La práctica se construye a través de siete pilares, respetando el momento y las necesidades de cada persona.
1
Centro · Encontrar tu punto de seguridadObservamos cómo estás, cómo respiras, dónde sientes estabilidad y qué necesita tu cuerpo en ese momento. Desde esa sensación de seguridad comenzamos la práctica.
2
Pies · Construir una buena baseTrabajamos los apoyos, la movilidad y la fascia del pie para mejorar la percepción corporal y crear una base estable.
3
Manos · Conectar las cadenas fascialesCon movimientos y estímulos sencillos exploramos estas conexiones para liberar tensión, mejorar la movilidad y preparar el cuerpo.
4
Diafragma y caja torácica · Crear espacio para respirarTrabajamos la caja torácica y el diafragma para recuperar movilidad, crear espacio y favorecer una respiración más libre.
5
Hipopresivos · Respiración, presión y centroIntegramos este trabajo de forma progresiva y adaptada, relacionando respiración, postura y centro corporal.
6
Estiramientos y equilibrio · Integrar el cuerpo en movimientoConectamos apoyos, fascia, respiración, movilidad y centro para mejorar estabilidad, coordinación y organización corporal.
7
Observación · Integrar y relajarTerminamos observando el cuerpo y las sensaciones para integrar el trabajo, relajar la fascia y percibir los cambios.
Todo está conectado
Sentir, preparar, movilizar, respirar, activar, integrar y observar
Los siete pilares forman parte de un mismo proceso. Con la práctica aprendemos a conocer mejor nuestro cuerpo y a llevar esa conciencia también fuera de la esterilla.
En la vida diaria
La práctica continúa cuando el cuerpo aprende a acompañarse
Lo importante no es hacer más, sino reconocer pequeños momentos para volver al cuerpo: al levantarte, mientras trabajas, al conducir o al terminar el día.
Notar los pies y la respiración antes de empezar el día con prisa.
Abrir manos, mover muñecas y soltar mandíbula y hombros en las pausas.
Elegir una intensidad que respete tu momento, en lugar de exigirte por reflejo.
Reconocer señales sencillas: más espacio al respirar, menos tensión y más facilidad para recolocarte.
Para quién
Puede ser especialmente valioso cuando el cuerpo necesita volver a sentirse seguro
El método no está reservado a un perfil único. Resulta útil allí donde hace falta más espacio, más claridad y menos lucha con una misma.
Personas en etapas de fatiga, estrés alto o sensación de estar siempre en alerta.
Cuerpos rígidos, tensos o con sensación de desconexión respecto a su eje y sus apoyos.
Mujeres en posparto, perimenopausia o etapas de reorganización pélvica y respiratoria.
Personas que sienten que las clases habituales van demasiado rápido o no responden a su momento actual.
Practicantes que quieren una comprensión más fina de fascia, centro, respiración y alineación profunda.
Cualquier persona que quiera habitar el cuerpo con más estabilidad, espacio y respeto.
Contacto
Si quieres saber si este enfoque puede encajar contigo, puedes escribirme
Estaré encantada de contarte cómo trabajo y de orientarte según tu momento actual.
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