Si has llegado hasta aquí, me apetece contarte quién soy de una forma sencilla, cercana y real. Tengo una gran habilidad: al observar cómo te mueves y cómo respiras, puedo percibir dónde están los bloqueos o las tensiones y acompañarte a liberarlos.
Esa sensibilidad no la aprendí en los libros. La he desarrollado a lo largo de los años, uniendo experiencia, escucha y formación. Quizá por eso hoy acompaño con tanta atención: porque antes de enseñar, tuve que aprender a escucharme a mí misma.
Mi trabajo nace de la experiencia, de muchos años de formación y de una certeza muy profunda: cuando el cuerpo se siente seguro, empieza a cambiar.
Durante muchos años tuve mucho asma y dependía de medicación. Llegó un momento en el que sentí que necesitaba hacer algo diferente y empezar a ocuparme de mí de otra manera.
En 2004 tomé una decisión que cambió mi vida: empezar a cuidar mi cuerpo y buscar otras herramientas para sentirme mejor, por mí y también por mis hijos.
Ahí empezó mi camino con el yoga y con una forma diferente de entender el cuerpo. Poco a poco fui aprendiendo a respirar mejor, a moverme, a escucharme y a entender cómo todo está conectado.
Con los años, esa experiencia personal se convirtió también en mi profesión. Seguí formándome y profundizando en diferentes técnicas y maneras de trabajar el cuerpo, la respiración y la mente.
Y entendí algo que todavía hoy guía mi trabajo: el cuerpo nos habla constantemente. Solo tenemos que aprender a escucharlo y entender qué necesita.
He vivido en Bélgica, Alemania y España y hablo cinco idiomas, pero hay uno que para mí es universal: el lenguaje del cuerpo.
El yoga fue una puerta de entrada muy importante, pero no se quedó ahí. Poco a poco seguí formándome y ampliando mi mirada para entender la salud y el movimiento de una forma más completa, más humana y más respetuosa.
“Con los años entendí que muchas veces el problema no era el cuerpo, sino el enfoque con el que intentábamos acompañarlo.”
Y desde esa comprensión empezó a tomar forma Hipo Yoga.
Durante años acompañé a personas muy distintas y fui viendo un patrón que se repetía: había ganas de practicar, pero no siempre había un cuerpo que pudiera seguir el ritmo de lo que se proponía.
Había dolor, miedo, agotamiento, enfermedad, poca conciencia corporal o simplemente una necesidad de ir más despacio. Y ahí entendí que necesitábamos otra manera de hacer las cosas.
Empecé a unir yoga, respiración, hipopresivos y una forma mucho más respetuosa de escuchar el cuerpo. Así fue naciendo Hipo Yoga: no como una idea abstracta, sino como una respuesta real a lo que veía cada día.
No enseño yoga para cumplir una forma externa. Acompaño para que el cuerpo vuelva a sentirse un lugar seguro, respirable y habitable. Ese es el corazón de mi trabajo.
Trabajo con personas que desean recuperar su bienestar, su energía y su equilibrio. Me importa más la respiración, la estabilidad y la sensación interna que la exigencia o la estética del movimiento.
Me he especializado en acompañar a personas con fibromialgia, enfermedad autoinmune, dolor crónico, ansiedad o desequilibrios físicos. También acompaño a personas que han vivido traumas emocionales o situaciones de maltrato, a quienes están en procesos de cáncer, durante o después del tratamiento, y a quienes atraviesan problemas digestivos, emocionales o energéticos.
En algunos casos, ese acompañamiento también incluye el entorno. Cuando una persona siente que su espacio está bloqueado, trabajo para armonizarlo y ayudar a que todo respire mejor, por dentro y por fuera.
Puede que tu camino sea distinto al mío, pero quizá también sientas que tu cuerpo te está pidiendo otra forma de ser escuchado. Si quieres, escríbeme y te cuento más sobre cómo trabajo.